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Yo nunca he sido artista, por lo que mi interés por la fotografía ha estado asociado fundamentalmente a los aspectos técnicos: como se pueden captar y guardar las imágenes para que perduren. Asi que aunque tuve momentos en que puse mucho interés en la fotografía y le dediqué tiempo, no creo que la mayoría de la que hice sean muy originales en su composición, expresivas o conmovedoras; aunque a mi me gusten porque seas mis fotografías; porque han cumplido su misión de hacer perdurar un momento que yo viví.
Por tanto me parece apropiado repasar mi relación con la fotografía a través de las cámaras fotográficas que fueron pasando por mi vida, pues fueron y aun son, pese a todo lo que ha cambiado la técnica, el elemento técnico imprescindible
La primera cámara de fotos que recuerdo es la que usaba mi padre en Badajoz, a finales de los 60; y digo mi padre porque no recuerdo a mi madre haciendo una sola fotografía con esa maquina, no se si porque no le interesaba el tema o porque mi padre no se la dejaba utilizar. Que la usáramos los niños estaba, por supuesto, fuera de toda discusión.
No es que recuerde a mi padre haciendo muchas fotos, no se si porque resultaba caro, porque él no tenía mucha afición, porque no era costumbre abusar de la cantidad o porque yo no me fijaba; pero si que ya adolescente recuerdo encontrar entre las fotos guardadas en las latas de Cola-Cao, bastantes fotos de nuestra infancia en Badajoz, y supongo que la mayoría estarían hechas por mi padre.

Recuerdo la cámara, una King Regula IP con su funda de piel marron y, enganchado a la bandolera de cuero con una cadenita dorada, la cajita también de cuero del exposímetro. Este exposímetro, un Zeiss Ikon Ikophot, era lo que mas me gustaba del conjunto porque tenía una aguja que se movía según le daba la luz, y unos discos giratorios, con una numeración entonces para mi incomprensible, que hacían que la aguja se moviera mas o menos. Este modelo de cámara se fabricó a mediados de los años 50, por lo que supongo que mi padre la debió comprar poco antes o después de casarse.
Sacar una foto parecía entonces cosa de mucha complejidad. En las ocasiones que yo recuerdo los fotografiados teníamos que posar, mi padre abría la caja del exposímetro, nos apuntaba con él y, todo serio, hacia los cálculos pertinentes con el exposímetro y luego los ajustes en la cámara antes de ordenar "¡Nos os mováis!" y disparar. A veces la cosa acababa antes, después de apuntarnos con el exposímetro, con el dictamen: "No hay luz.". Porque entonces no se arriesgaba (al menos en mi casa) a que una foto pudiera salir mal, no se si por evitar el derroche o el deshonor del fotógrafo, y se prefería perder la ocasión.
La mayoría de las fotos que recuerdo de la época de Badajoz eran en blanco y negro pero hay una excepción destacada: un rollo de diapositivas en color (película Afga) que mi padre uso durante unas vacaciones de verano en Galicia. Fue el año que compartimos con la tía Mari y su familia la casa Villa Ramonita (que yo imagino debía estar en Ourense, cerca de Celanova). Era una casa ajena, alquilada o prestada, y revolviendo por los baúles mi hermana y nuestra prima Espe encontraron unos vestidos blancos, de novia o parecidos, con los que un dia se organizo un teatrillo de ceremonia nupcial; y muchas de esas diapositivas lo inmortalizan.
Esta cámara nos acompañó muchos años aunque, como ya he dicho, recuerdo mas verla pasear en su funda de cuero que a mi padre utilizándola.
Es la que siguió utilizando cuando nos mudamos a Ourense, y con ella tomaba las fotos, ya en color, cuando íbamos a la playa algún domingo, o a esquiar a Cabeza de Manzaneda.
Muchos años después, cuando mi padre ya la había jubilado, o casi, fue la primera cámara "seria" que yo utilice. Y tengo la pena de ser yo el que la perdí; mas que perderla, se la presté a una persona que nunca me la devolvió.
La otra cámara de mi infancia en Badajoz era la de mi abuelo Luis, una Kodak Baby Brownie (aunque yo entonces no sabia que se llamaba así). La cámara iba siempre en su funda de cuero de líneas cuadradas, mas aun que las de la propia cámara, con su bandolera de cuero que le daba un aire de correaje militar.

No se desde cuando estuvo esa cámara en manos de mi abuelo. El modelo se fabricó entre mediados de los años 30 y principios de los 50 y fue muy popular, se fabricaron muchísimas, así que mi abuelo pudo hacerse con ella de recién casado o ya bien maduro, casi para hacer las fotos de la boda de su hija Chari. A mi me gusta pensar que fue lo primero: que esa cámara había acompañado a mi abuelo casi toda su vida, y por eso mi madre la guardó como recuerdo de su padre.
Las fotos que salían de la cámara de mi abuelo eran pequeñas (6 x 4 cm), siempre en blanco y negro, con el borde troquelado y parecían ya antiguas aunque fueran de hechos recientes; incluso nosotros, los niños, retratados en esas fotos parecíamos niños, sí, pero de otra época. Como si la realidad envejeciera al pasar por el objetivo de esa cámara tan vetusta.
La técnica fotográfica de mi abuelo, la apropiada para su cámara, no tenía nada que ver con la de mi padre: solo había que apuntar la cámara hacia lo que querías fotografiar y darle a la palanquita del disparador, una pequeña palanquita debajo del objetivo; no había que enfocar, ni que medir la luz para decidir aperturas y exposiciones, pues la maquina no disponía de ningún ajuste; las instrucciones de la cámara solo indicaban que la escena a fotografiar debía estar "bien iluminada".
Con esta cámara hacer fotos era cosa de niños y creo que en alguna ocasión mi abuelo nos dejo a mis hermanos o a mí tomar alguna foto: cogías la cámara con las dos manos (y, como era pequeña y ligera, hasta las manos de un niño lo podían hacer muy bien), la apoyabas contra el ombligo, mirabas hacia lo que querías fotografiar y le dabas a la palanquita del click; la cámara tenía también un visor plegable por si se necesitaba mas precisión, pero la mayor parte de las veces no se utilizaba. Y hay que reconocer que las fotos salían razonablemente bien.
Recuerdo verle usar su cámara en las ocasiones en que nos reuníamos para una comida campestre cerca de Badajoz, o cuando quedábamos a medio camino entre Madrid y Badajoz, para pasar el dia juntos y comer en un merendero por el puerto de Miravete. Además, en las latas de Cola-Cao, había unas cuantas fotos de mis abuelos pasando un dia de campo solos, sentados en una manta, o echando la siesta apoyados contra un árbol; mi abuelo con su sombrero y mi abuela, a veces, también llevando el sombrero de mi abuelo. Supongo que estaban ellos solos porque son fotos en las que sale alternativamente el uno o el otro, asi que se ve se las tomaban recíprocamente porque no debía acompañarles nadie. Y se ve también que mi abuela Emilia se animaba a utilizar la cámara.
Esta cámara, a la muerte de mis abuelos, se la quedo mi madre, como recuerdo de su padre. Y de mi madre la heredé yo.
Nuestra siguiente cámara llegó a principios de los años 70; esta vez el "nuestra" se limita a mis hermanos y a mí, pues fue un regalo que nos hizo nuestro tío Juli, el cura.
Resulta que el tío Juli había ido a pasar unos meses a Inglaterra, y a la vuelta nos trajo de regalo una cámara de fotos que debía ser casi de juguete, pero que a nosotros nos pareció maravillosa: una Banner W20.

La cámara venía en un envase blister parecido al de la foto, era de plástico muy sencillo y prácticamente no tenia ajustes, pero era una cámara, y era "nuestra".

En la parte de atrás, las instrucciones (¡nada de manual!). En ingles, pero lo podríamos superar con ayuda de mi tío o mi padre, a los que les suponíamos el conocimiento necesario.
Desgraciadamente venía sin película, y conseguirla no fue inmediato: la cámara era de los tres y nos teníamos que poner de acuerdo para pagarla a escote.
Llego un dia en que juntamos el dinero necesario y fuimos a comprar el carrete a una tienda de fotografía, creo de en las Galerías Centrales, en la calle del Paseo (por entonces "Jose Antonio"). Conseguida la película, tuvimos que esperar a que nuestro padre nos la montara en la cámara, pues había que saber hacerlo y hacerlo a oscuras, para que la película no se velara; mi padre debía estar ocupado y se hizo un poco de rogar pero al final la montó (seguramente murmurando: ... los jodíos niños ...) y nos pudimos ir a estrenarla, después de recibir de mi padre unos breves consejos sobre técnica fotográfica.
La película, 15 tomas, nos duró poco; creo que en dos días (por los cambios de ropa que se ven en las fotos que sacamos) acabamos con ella.
Hubo que llevarlas a revelar y esperar a que estuvieran listas, que podían ser 3 o 4 días por lo menos. Y también había que ahorrar para pagar el revelado y las copias en papel, bastante mas caro que la película, aunque me parece que en esa ocasión el dinero lo puso mi madre. He aquí el resultado:

Goyo posando con un SEAT 850 Coupé, apoyado con toda confianza en el deflector de viento de la ventanilla (un accesorio que le instalaban muchos de los propietarios de este modelo, que debían ser un poco macarras), como si fuera suyo. Este modelo nos encantaba, por su aire deportivo. Seguro que el de la foto era rojo.
Yo también quise una foto igual.

Las dos siguientes están tomadas en el Parque de San Lázaro: al pie del monumento a los Caídos (por Dios y por España); en la foto, que debió hacer Pitusa, solo se ve el escudo de la provincia, que nos debía parecer muy bonito.

... y junto a la fuente ornamental, trasladada desde uno de los claustros del Monasterio de Oseira

En esta tenemos a Goyo delante de las fuentes termales de As Burgas. Dice la leyenda que quien se moja con su agua acaba volviendo a Ourense; mi madre se debió mojar cuando fue a conocer a su familia política, y así acabo allí.

Yo no iba a ser menos.

Ahora viene un original intento de, merced a la técnica fotográfica, detener el movimiento de un cuerpo en caída libre.

Y otro intento. Fijaos en mi pelo.

Aquí una escena costumbrista: volviendo del horno, en la calle Capitán Cortes (ahora Celso Emilio Ferreiro; ¡que cambio!), de recoger la empanada. Mi madre preparaba en casa el relleno y de mañana temprano lo llevábamos al horno (el de una panadería) en una fiambrera; los panaderos hacían la empanada con su propia masa, la cocían y al mediodía la ibas a recoger. Siempre quedaban dudas de si los panaderos habían sisado parte del relleno para hacerse el almuerzo. Pitusa carga la empanada (tarea de responsabilidad) y yo la fiambrera vacía.

y para salir todos en la foto, Goyo releva a Pitusa en su importante tarea.

Al mismo horno llevábamos a cocer los famosos bollitos de nata que preparaba mi madre (en la casa de Pardo Bazán no debíamos tener horno); para ese caso el procedimiento era distinto: primero había que ir al horno a recoger una gran bandeja de lata, de las que utilizaban para hornear, la llevábamos a casa y en ella colocaba mi madre los bollitos recién amasados (que podían ser 20 o 30); nos tocaba volver al horno con la lata llena de bollitos, y mucho cuidado para que no se movieran ni cayeran; el panadero los cocía y en unas horas los podías ir a recoger. Aquí también había dudas sobre las sisas, pues los bollitos se podían contar fácilmente, y mi madre contaba que frecuentemente faltaba alguno.
En la siguiente un posado de Pitusa, creo que en el cruce de la Avenida de Buenos Aires y la calle Emilia Pardo Bazán, junto a nuestra casa de entonces.
Atentos a las sandalias de gladiador (¡he visto que las llaman así!) que porta la modelo.

Y ahora viene un atrevido contraluz, además con el personaje en movimiento, tomado desde el interior del portal de la casa de Pardo Bazán. El coche que se ve detrás de mi hermana probablemente fuera el primer SEAT 600 de mi madre.

Terminamos el recorrido fotográfico con dos fotos fraternales. En la primera, Pitusa, casi maternal, me lleva de paseo de la mano. Yo debía tener unos ocho años y ella andaría por los catorce asi que podía ejercer de hermana mayor.

La ultima, frente a mi pachorrudo paseo, es mas dinámica, y refleja (o yo me lo imagino) la competitividad entre hermanos mas próximos en la edad (Goyo tendría unos 12 años). Recuerdo que algunas veces, cuando estábamos los tres solos en casa, los dos se enzarzaban en alguna pelea, no recuerdo a causa de que, y yo me ponía nerviosísimo.
Tiene mérito que mi hermana pudiera correr con eso zuecos.

Aunque esta cámara anduvo por casa mucho años, creo que no volvimos a hacer fotos con ella (estas son las únicas fotos que yo recuerdo y conservo), seguramente porque nosotros no teníamos dinero para estar gastando en película y, sobre todo, revelados; las pocas fotos que se hacían en casa en esa época se hacía con la cámara de mi padre la King Regula IP , que salían al mismo precio y tenían mucha mas calidad.


