Oh Santísima
Virgen María,
Madre de Dios y
Madre nuestra!,
siempre te amamos,
siempre te invocamos,
siempre
nos consagramos a Ti.
Pero especialmente
queremos hacerlo
en este mes de las flores,
que los cristianos
dedican
a tu amor.
¡Oh flor
de todas las virtudes
y árbol
de todas las gracias,
cuyo fruto es
Nuestro Señor Jesucristo!
Haz que en nuestras almas
florezcan
todas las virtudes
y gracias de Dios,
y fructifique
Nuestro Señor Jesucristo
en santidad y gracia.
Y, pues
eres fuente
sellada y pura,
no permitas
que se sequen
jamás
en nuestras almas
la flor
de tu devoción
y el fruto
del amor
a Jesucristo, tu Hijo.