La casa de Badajoz

Me gustaba decir que  yo era pollo de casa, en comparación  con los pollos de granja, porque mi madre me había tenido en casa, y no en un hospital.

Regulares marroquíes - Chapín, 14

La casa en la que nací y viví los años que estuve en Badajoz era un piso alquilado en la calle Regulares Marroquíes, Mi madre me había hecho aprenderme la direccíon de memoria, por si me perdía, y yo la repetía asi: "Me llamo Luis Julian Polo Dorado, vivo en la calle Regulares marroquies, Chapin, 14 ...". Pensaba que el nombre completo era "Regulares marroquies - Chapin" y hastano hace muchos años no me enteré de que "Chapin" era el nombre antiguo de la calle y "Regulares marroquies" el que se le puso tras la guerra civil, para conmemorar el papel (las salvajadas) de las tropas de regulares marroquíes en la toma de la ciudad, en agosto de 1936. Tal fue la masacre que le valio al General Yague, al mando de las tropas franquistas, ganarse el apodo "El carnicero de Badajoz" y a los hechos "la masacre de Badajoz". Hasta 2009 la calle no recuperó el nombre "Chapín"

Creo que ese mismo piso (o quizás otro en la misma casa) lo habían tenido alquilado mis abuelos maternos mientras vivieron en Badajoz, y cuando se mudaron a Quintanar de la Orden por un cambio de destino de mi abuelo se lo debieron dejar a mis padres.

El pasillo

De la casa recuerdo el pasillo e entrada con papel pintado; era la única pieza de la casa que lo tenia; de hecho, recuerdo ver maravillado como mis padres lo ponían, encolándolo y fijándolo para que no hiciera arrugas y coincidiera el dibujo de las distintas hojas; era marca Colowall, que anunciaban en televisión como algo muy distinguido ("Colowall es colosal").

En el pasillo estaba el teléfono, un modelo de pared; había que hablar de pie, pero tampoco se hablaba mucho rato (los niños, nunca) porque el teléfono era caro. Solo se podían marcar directamente los números de Badajoz capital; cuando se quería hablar con los abuelos (de Madrid o de Ourense) o con los tíos de Fuentes de León habia que llamar a la operadora de la centralita y pedir una conferencia; si había suerte (esto es, si habia disponible una línea entra la centralita de Badajoz y la del sitio con el que querias comunicar) te podían conectar de forma inmediata (lo que se tardaran en engancha las clavijas; a veces un rato porque la línea se componía realmente de varios tramos a través de centralitas intermedias); pero lo habitual es que hubiera "demora" (conocí esta palabra asociada a las conferencias telefónicas, aunque después aprendí que significaba "retraso" y se podía aplicar a mas cosas); en ese caso la operadora te daba una previsión de lo que podría tardar en quedar alguna línea libre, y te llamaba ella cuando se podía establecer la comunicación.

El cuarto de baño

Después estaba el cuarto de baño, solo uno para toda la casa, en la que vivíamos entre 6 y 10 personas, según el momento. En este cuarto de baño me aficioné a hacer mis gestiones mientras leía revistas infantiles; mis preferidas por entonces eran "Pumby" y "Jaimito". Muy de cuando en cuando también caía en mis manos algún "TBO", no se por qué eran tan escasos, que me gustaban mucho; sobre todo los inventos.

center

La despensa

Mas adelante había una despensa, un cuarto pequeño, sin ventanas y cuya bombilla eléctrica se encendía desde fuera; esto es relevante porque alguna vez que nos portábamos mal nos encerraban aquí, a oscuras, hasta que pedíamos perdón (lo que solia ser muy rapido). Pero el uso principal era guardar las cosas de comer. Me parece que en la despensa se guardaba también la botella del Calcio-20, que nos daban a los niños en edad de crecer.

center
Esta medicina era un complemento de calcio de uso generalizado en esos años (quien se lo pudiera permitir) por la preocupación por que los niños crecieran sanos y bien, ya que las consecuencias de la mala alimentación de la posguerra en la salud infantil habían sido terribles. El reparto de leche que se hacía en los colegios tiene la misma explicación.
El caso es que el Calcio-20, un liquido blanco, espeso y dulzón, estaba bueno por lo que yo, además de la cucharada diaria que me daba mi madre, de vez en cuando asaltaba la despensa y me automedicaba a tragos directamente de la botellita. Digo yo que esa sobredosis de sales de calcio no seria ni buena ni mala para mi salud, pero así no había botellita que durara. No recuerdo tomarlo durante mucho tiempo; mi madre debió cansarse de comprarlo, por falta de confianza en sus efectos o porque no había economía que lo resistiera.

La cocina

Pegada a la despensa estaba la cocina. Uno de los recuerdos principales que tengo de esa cocina es mi madre preparándose café, al que llamaba "mi gasolina"; tomaba café solo, de puchero,  que preparaba en una olla de aluminio muy pequeñita, casi de juguete, que utilizaba solo para eso.

center

La olla andaba siempre por la cocina con los restos del ultimo café, que cuando queria mas recalentaba, o bien tiraba y hacía otro; mi madre, muy limpia para todo, era de las que pensaba que el puchero del café habia que lavarlo lo menos posible, para que mantuviera el sabor y aroma de los ultimos mil cafés preparados, mejor que el del aluminio recien fregado. Algunas veces me dejaba sentado en un poyete junto a la cocina para que vigilara mientras se calentaba el café, con la mision de avisar en cuanto empezara a hervir para que viniera a apagar el fuego. Recuerdo que la primera vez que me hizo ese encargo yo pregunté como iba a saber que el café estaba hirviendo, y mi madre me explico que al hervir el liquido del puchero haría "blob-blob-blob"; así que cuando oí las burbujas reventar en el puchero la llamé a voces: "¡Mamá...! ¡Blob-Blob-Blob!"; y eso quedo como una de las anécdotas que siempre recordabamos.

Recuerdo tambien que en la cocina se preparaban el barreño de gazpacho, y no es exageracion; como se debia consumir en grandes cantidades (con el calor no debía apetecer comer otra cosa) se utilizaba un barreño de plastico, de los tipicos de lavar la ropa, para prepararlo; era el autentico gazpacho extremeño, quiza un poco mas liquido del que se estila ahora a pesar de estar espesado con pan duro (era la forma de aprovechar el que iba sobrando). En la cocina se preparaban tambien las aceitunas machadas; primero se reventaban de un golpe, para lo que habia en la cocina una piedra a proposito: un canto rodado del rio, pesado y bastante plano; y despues se dejaban en aliño en una tinaja de barro. Por cierto, la misma piedra que servia para "machar" las aceitunas se utilizaba tambien para ablandar los filetes; la carne en el Badajoz de entonces debia ser mala y dura, quizas de caballo viejo, por lo que en casa se golpeaban los filetes con esa piedra hasta dejarlos muy finitos; supongo que con eso se rompian las fibras de la carne y se ablandaba algo, y al quedar mas fina era mas facil churrascarla y que quedara mas pasable.

Otro recuerdo que tengo de la cocina es el de comer plátanos (de lo poco que me gustaba comer: los huevos fritos, el chocolate y los plátanos) subido a un poyete de la cocina; cuando mi madre o Feliciana se lamentaban de los mal que comía y decían que solo sabía comer platanos, como los mono, a mi me gustaba imitar a un mono con mi platano, subido al poyete. Una de esa veces puse tanto entusiasmo en los botes que pegaba allí subido que me di un golpe en la cabeza con el armario que había encima; el golpe fue tan gordo que me eché la mano a la cabeza y al retirarla la vi manchada de sangre; ¡que horror! ¡me habia hecho una "pitera"! (la palabra que en extremadura se usa para referirse a una brecha en la cabeza) ¡eso debía ser gravisimo! Por supuesto, la cosa quedó en nada, aunque yo estaba espantado de que no me pusiesen ni una tirita. Desde entonces me quedó la costumbre de que cada vez que me daba un golpe en la cabeza me llevaba la mano a la zona afectada y agitaba la cabeza, como quien quiere sacar liquido de un frasco, para mirar despues la mano y comprobar si se me estaban saliendo los sesos.

Un recuerdo mas en la cocina es de una noche que llegamos tarde a casa, de vuelta de un viaje o de haber pasado el dia en el campo; mi madre me dio para cenar un vaso de leche, que a mi no me gustaba nada; solo soportaba una esterilizada que venia en botellas de cristal con un dibujo de una vaca, fria de la nevera y con mucha azucar; mi madre me dejo con el vaso de leche subido al poyete (como no) al lado del fregadero y se fue a preparar las camas; yo empece a tomarme la leche que, por supuesto, no me parecío suficientemente dulce; vi que justo a mi lado habia un montoncito blanco de lo que me parecío azucar, asi que le eché un puñadito a la leche, a ver si así mejoraba; no solo no mejoró sino que hasta me parecío que estaba peor; y cuanto mas le echaba, mas empeoraba. Cuando mi madre volvio por la cocina, a ver si me habia acabado la leche, le dije que no estaba nada buena, y eso que yo le habia puesto mas azucar; "¿Que azucar?"; resulta que el montoncito blanco no era azucar sino jabon en polvo del que se utilizaba para fregar. Aquella noche me costó dormirme, preocupadisimo, por si me moría.

En alguna parte de la cocina guardaba también mi madre una caja de madera con las [fichas de cocina Eva]].

center

El salón-comedor

Después de la cocina estaba el salón-comedor, al que daban también los dormitorios.

La mesa del comedor era una mesa convertible, redonda pero que se podía abrir en dos semicírculos e intercalar un modulo rectangular, que iba plegado debajo, para agrandarla.

center
No esta pero parecida era la mesa del salón.

En invierno la mesa se cubría con faldilla y se ponía debajo un brasero de picón (un carbón menudo hecho a partir de ramas de encina); no creo que los inviernos pacenses fueran muy fríos, pero la casa no tenía calefacción ni estaba bien aislada.

En una pared había un mueble modular con baldas para libros o adornos, una cajonera donde se guardaban los manteles, un modulo mueble-bar con botellas variadas pero de esas que no se debían utilizar mucho, quizás por imbebibles, y acompañan a una familia durante muchos años. Alguna vez vi en el mueble bar una botella de ginebra que tenía una calavera rudimentariamente pintada con bolígrafo; creo que años después, porque la botella aun seguía con nosotros, mi madre me contó que era para disuadir a Feliciana de que se la bebiera. A mi nunca me pareció qu Feliciana empinara el codo pero, claro, yo era un niño y no se me ocurrían esas cosas.

Al nivel mas bajo, a mi alcance, había otro modulo armario donde había unos cuantos discos, entre ellos uno de villancicos que incluía el ya famoso en esta familia "Canta, Rie, Bebe" rayado en el verso "al tendero de la esquina" (de la esquina-de la esquina-de la esquina...).

También estaba allí "El gran libro del hogar", que debía ser un regalo de Selecciones del Readers Digest, pues mi madre fue suscriptora; era un regalo poco valioso, pues el libro tenía muchas paginas con publicidad, pero a mi me encantaba ojearlo. pues tenia fotos en color muy llamativas de recetas sofisticadas y apetecibles; recetas imposibles, de esas que no se podían hacer nunca, por falta de ingredientes. También incluía consejos de decoración, moda, vida social (como organizar un "cocktail" en casa para unos amigos,...) y economía del hogar (como hacer el presupuesto mensual para los gastos de la casa,...); las cosas de que se debía ocupar un ama de casa, pero con un toque moderno, tipo "american way of life", como se veía, por ejemplo, en la serie "Embrujada" en televisión.

Lo ultimo que recuerdo del contenido de ese modulo armario era la botella de vino quinado (¿por que no estaría en el mueble bar?). Pero la "Quina Santa Catalina" se merece entrada aparte.

Una de las baldas estaba ocupada por los 12 tomos de la enciclopedia UTEHA; entonces me quedaba demasiado alta, y tampoco habría sido capaz de leerla, pero mas adelante me sirvió de entretenimiento en momentos de aburrimiento.

center

Del salon/comedor recuerdo también una reproducción de "La ultima cena" en metal y relieve, que por entonces era un elemento de decoracion habitual en los comedores españoles.

center

También, en algún sitio del salón, quizas en el mueble modular, habia un reloj muy particular, todo dorado, con unas bolas que giraban hacia un lado y el otro, metido en una capsula de vidrio, que a mi me parecía precioso.

center
*El reloj que a mi me parecía preciosísimo y del que pensaba si sería de oro. Si quieres saber más visita el enlace del reloj de péndulo de torsión.

En el salon estaba la televisión, donde por la tarde los niños veiamos "Antena Infantil" (con Locomotoro, Valentina, el capitan Tan y el tio Aquiles); antes de acostarnos veiamos los dibujos animados de "Felix el gato", "Popeye", "Lariat Sam", ... Habia algun programa que recuerdo ver con mis padres, como "Viaje al fondo del mar" (las aventuras del almirante Nelson y el capitan Crane en el submarino atomico "Seaview"); tambien  de esa época eran "Tierra de gigantes", "Perdidos en el espacio" y "Star Trek" (que aqui la titulaban entonces "La conquista del espacio").

En el comedor solo comiamos junto con nuestros padres los domingos; a diario los niños comiamos en la cocina y en el comedor comian mis padres; supongo que debia ser para que no molestaramos a mi padre, que vendria cansado del trabajo a disfrutar de su merecido "reposo del guerrero", y que se quedaba un rato descansando en el salon despues de comer.

De eso domingos que compartiamos el comedor con mis padres recuerdo comer macarrones con queso  gratinados al horno, no se si porque mi madre los hacia a menudo, pues no debe ser porque me gustaran mucho; yo era muy mal comedor, y me parece que mi madre por entonces no era aun lo buena cocinera que, con el tiempo, llegó a ser. 

En esa mesa mi madre cosía, a mano o a máquina, o donde me dejaban cenar, solo o quizás con mis hermanos, mientras veía los dibujos animados, pues a esa hora mi padre probablemente seguia trabajando en el taller de Polo TV, y cuando llegaba a casa los hijos ya debíamos estar acostados, o casi.

La mesa era también el campo de operaciones del practicante, Don Miguel Albarrán, cuando nos tenían que poner alguna inyección.

El suelo del salón era de baldosas de cerámica rojiza; una cerámica muy rustica; parecia barro cocido. Las baldosas eran cuadradas y pequeñas, de unos 8cm de lado. No estaban bien fijadas al suelo. Algunas se movian, y recuerdo que una se podia levantar, lo que aprovechaba para ocultar debajo algun papelito; me parecia un escondite secreto maravilloso. Pero lo mejor del suelo del salón era que durante los calurosos veranos de Badajoz, en los que se alcanzaban los 42ºC, las baldosas proporcionaban una sensación de frescor cuando te tumbabas sobre ellas, al menos durante un rato, hasta que las acababas calentando; entoces habia que arrastrarse un poco hasta una zona de suelo "virgen", que aun se mantuviera fresca.

Creo que fue el ultimo verano que pasamos en Badajoz, el de 1969, que mi padre apareció con un ventilador de pie, que a mi me parecia gigantesco, para instalar en el salón. Debió de ser una de sus "arroutadas", pues supongo que debía de ser algo carísimo; aunque muchos años despues supe por mi madre que mi padre llevaba muy mal lo del calor extremeño, y parece que esa fue una de las causas por las que nos mudamos a Galicia, hasta entonces el calor se aguantaba con resignación, estoicamente; antes del ventilador de pie solo recuerdo un pequeño ventilador de sobremesa, con las aspas rojas, que mi madre tenia en su mesa de trabajo en Polo TV.

center
Este era el ventilador de pie que mi padre compró el ultimo verano que pasamos en Badajoz cuando, al año siguiente, estaba expuesto para la venta en Polo TV en Ourense.

A ese ventilador de pie no se le llego a dar mucho uso en Badajoz, solo un verano, pero se vino con nosotros a Galicia y recuerdo verlo a la venta en el escaparate del nuevo Polo TV, en Ourense; alguien debío de comprarlo, para los calores del verano ourensano, porque nunca volvio a casa y yo lo perdí de vista.

Tanto la mesa plegable como el mueble modular nos acompañaron en muchas mudanzas y estuvieron en todas las casas que yo conocí; ambos llegaron hasta las Torres del Pino, el mueble modular en el salon, lacado en blanco para darle un aire renovado, y la mesa camilla en la habitación que había al lado de la cocina.

El dormitorio de mis padres

La habitación de los niños

La habitación de Pitusa

La aventura del Krakatoa con la tía Chiqui

(CONTINUARÁ)